De andar por casa…XIII (o XII+I)
Posted by Jesús on febrero 24th, 2012
Viernes, 24 de febrero.
La entrada de ayer me ha dado que pensar esta mañana tras hablar personalmente con el tutor destinatario. En una hora de esas complementarias he estado pensando más de cinco minutos : ¿Qué necesidades tengo al descubierto en mi función como docente decente?
Lo confieso, como profesor me encanta tener éxito con mis clases, ¿y a quién no?; es más, tengo la necesidad de triunfar y de sobresalir en todo lo que emprendo. Esta búsqueda del perfeccionismo es una idea muy antigua, que me acompaña desde muy jovencito, y que además ha conseguido amargarme la existencia en más de una ocasión, o, por decirlo más suave, me ha hecho pasar algunos malos ratos.
Lo mejor de todo es que entiendo -de la mano del filósofo canadiense Lucien Auger y su obra Ayudarse a si mismo (Ed. Sal Terrae, 1987)- que esta idea no es racional, que es una idea “no-realista” y que por tanto, con un proceso de confrontación podré desmontarla para llegar después a la conclusión de que lo mejor es desaprenderla y sustituirla por otras más racional.
Parece fácil, pero no lo es. La verdad, a mi eso de desmontar para volver a montar nunca se me dio bien. Os cuento. Mi padre, Ángel Giménez -”Relojero” de profesión-, de vez en cuando, en ratos libres, ponía a mi disposición -en su taller de relojería MaJoJe (sito en la calle Mayor de Palencia)-, relojes despertadores de los de antes; de aquellos grandes y ruidosos. Mi tarea consistía en desarmarlos para, tras limpiarlos con gasolina, volverlos a armar; pero, lo confieso, casi siempre la armaba parda porque frecuentemente me sobraban varias piezas que no cabían en ningún espacio. Hasta que un día mi padre desistió de verme como aprendiz de relojero, no tenía la tranquilidad que se requería, y, en vez de darme patatas relojeras, paso a mandarme escribir con máquina Olivetti facturas y también a llevar al día el libro de contabilidad del taller. Lo mio, estaba claro, iba a ser, no lo manual, sino lo intelectual.
Aunque en este ámbito tengo que decir que tampoco se me da muy bien lo de desaprender. Los de ingdirect lo tienen más fácil que yo, según nos muestran en sus originales spots.
Yo tendré que tener paciencia conmigo mismo y sobrellevare con dignidad los sinsabores del perfeccionista.
No puedo olvidar que las autoterapias son, a veces, de por vida; y que, por lo tanto, debo aceptar que en ello andaré y que va para largo; y como decía no sé quien era: ¡ Y lo que te rondaré morena!
Otro día, quizás hable de la necesidad de sentirme querido por mis alumnos. Esto también me trae por el camino de la amargura. ¡Qué lo vamos a hacer! Si es que hemos nacido para sufrir en este valle de lágrimas, je,je,…
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