Ayer noche mi jefe me dejó de piedra. Si, por si no lo sabes tengo varios jefes…, pero me explico.
El gran jefazo de todos los españoles, incluido un servidor, es Juan Carlos, S.(u)M.(ajestad) el Rey; lo sé, ¡faltaba más!, que para eso soy ciudadano de un Reino y, por favor, que nadie lo confunda con ser súbdito. Después, entiendo que vendrá Mariano, el Sr. Presidente del Gobierno y, tras él Soraya, la Sra. Vicepresidenta; y a continuación está el novus en política (?), Ignacio, el Sr. Ministro de Educación, Cultura y Deporte[...] ¡Demasiados jefes! o como decía aquel otro: <<mucho arroz para tan poco pollo.
Bueno, ¡Ya metí la pata!, se me pasó que por encima de todos está la madre de las madres,la Constitución Española de 1978. ¡Pero qué torpe estoy! Se me olvidaba que es a ella a la que hay que obedecer el primer lugar, simplemente, porque es la Madre de todas las leyes, de todas, todas, y, también,¡cómo no!, de las educativas. Y yo, como funcionario de carrera que soy, me debo a ella y solo a ella, con total fidelidad y lealtad.
Bueno, ¡al grano!, que me enrollo como un pimpollo (valga el ripio). Ignacio Wert, uno de mis variados jefes, me dejó `helaó´cuando se atrevió a proclamar a los cuatro vientos que para titular en la E.S.O. -Educación Secundaria Obligatoria- había que aprobar el 100% de las asignaturas cursadas. La verdad no lo creí; más me pareció un globo sonda que algo ya decidido.
Os cuento a los profanos en estas lides que hasta el día de hoy los alumnos que terminan 4º de ESO titulan en la convocatoria de junio si tienen el 100% de las asignaturas cursadas -durante los cuatro cursos-aprobadas; si no tendrían que esperar hasta la convocatoria de septiembre. Entonces si suspenden una materia,¡premio!, titulan automáticamente; si suspenden dos – que no sean Lengua y Matemáticas a la vez- , ¡premio!, también titulan. Y si suspenden tres titulan si la junta de Evaluación considera que el alumno en cuestión ha superado las competencias básicas establecidas para la ESO. El premio depende entonces de la tómbola, es decir, de las papeletas que cada uno juega.
No olvidemos, por favor, que la Madre Constitución en el artículo 27 establece que la Educación es un derecho (y, también, una obligación). El derecho a la educación, es entendido como el derecho a acceder a una formación acorde con los intereses personales se regula a través de apartados. Para mi destacan: el 1º, en el que se afirma que “todos tienen derecho a la educación”; el apartado 4º, donde se prescribe que “la enseñanza básica es obligatoria y gratuita” y el apartado 5º, en el que se dice que “los poderes públicos garantizan el derecho de todos a la educación, mediante una programación general de la enseñanza, con participación efectiva de todos los sectores afectados y la creación de centros docentes”.
Pienso, claro está, que el derecho a recibir educación no conlleva asimilada la obligación de obtener el título mínimo de Graduado en Educación Secundaria. El título, no es un premio, sino que tiene que ser una consecuencia lógica, el resultado de todo un proceso en el que se hayan conjugado, a mi entender, méritos y capacidades; si, especialmente del alumno, pero también del resto de miembros de la comunidad educativa, profesores y progenitores. Mérito y capacidad, dos piernas que caminan al unísono pero que muchas veces tropiezan. Mérito y capacidad de todos, muchas piernas que algunas veces se ponen la zancadilla.
Por experiencia propia, está claro que una de las claves del éxito que llevan a la meta del título es el trabajo diario basado en el esfuerzo (sudor) y tener el mínimo de arrogancia personal que permita tener apertura de miras para poder beber de la fuente del saber. Este vídeo de ascis es muy sugerente para profundizar en esta idea

Mi duda surge cuando me da por pensar en cómo atender las necesidades personales de tantos, chicos y chicas, en situación casi de abandono, con padres con pocos méritos y menos capacidades, ycon un profesorado tendente al desánimo; y, especialmente, cuando estamos sufriendo la epidemia de los muchos recortes con su consiguiente cuarentena obligatoria: más horas lectivas y más alumnos para cada profesor, es decir, aula con tendencia a la masificación y con escasez de recursos humanos y materiales.
No sé. La idea de mi jefe Wert, en principio, no me disgusta, pero ello qué consecuencias tendrá. ¿Más calidad educativa? o ¿más índice de fracaso escolar? No lo tengo claro. Menos mal que ahora sale a mi auxilio el viejo catecismo del P. Astete: <<Eso no me lo preguntéis a mí que soy ignorante; doctores tiene el santo Ministerio de Educacion que lo sabrán responder>>.
Lo único que sé es que es necesaria MÁS INVERSIÓN NO MENOS. Merece la pena porque nos jugamos las esperanzas de los miembros más jóvenes de nuestra sociedad.
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