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Archivo de la Categoría “Estructura terrestre”

Desacople temporal de sonido en lechuzas
Fuente: Gary Ritchison

El cerebro de un búho es capaz de realizar una serie de complejos y rapidísimos cálculos que, partiendo del sonido emitido por un ratón, determinar su posición sin ayuda de la vista. Lo hace procesando las diferencias entre las señales sonoras que le llegan a un oído y a otro. Especialmente cuál llego antes y cual llegó después. También calcula, gracias a las variaciones de intensidad, si el ratón se está alejando, acercando o quieto. Y, balanceando la cabeza, cambia de ángulo varias ocasiones para verificar que ha interpretado bien la señal recibida.

¿Te extraña? Tú también eres capaz de hacerlo. Para comprobarlos sólo tienes que girar la cabeza mientras escuchas algo. Notarás que sabes de dónde viene. Tu cerebro hace lo mismo que el del búho. Pruébalo si no lo crees. ¡Hombre! El suyo es mejor, lo logra con precisión milimétrica (le va la comida en ello).

Y la sismología es aún mejor.

Las ondas sísmicas se comportan como el sonido, sólo que usan la piedra, y no el aire, para viajar. Hacen vibrar todo el planeta igual que el ratón royendo un fruto seco hace vibrar todo el aire. Y, por supuesto, se puede medir qué camino siguieron  las ondas símicas hasta llegar al sismógrafo de una estación de observación. Y a qué velocidad. Y con más o menos intensidad, en función de la distancia al seísmo. Igual que un ratón lejano se oye menos.

Sismograma
Fuente: Patricio Barros

En realidad, no a una estación, sino a muchas de ellas. Existe una red distribuida por todo el planeta, llamada GSN.

Y gracias a las diferencias de velocidad que se detectan entre sus llegadas a una o a otra estación, podemos saber cómo es el interior terrestre, qué materiales tiene y a qué profundidades.

Bueno, en realidad no es así. En realidad lo que podemos saber es cómo no es. Qué materiales son incompatibles con esas velocidades. Y descartando unos, y descartando otros, nos podemos ir haciendo un panorama del interior de la Tierra. Para lo que se necesita no un terremoto, sino muchos de ellos.

El interior de la Tierra es un lugar en el que no hemos estado. Y probablemente nunca iremos. Pero mezclando muchas informaciones de muchas fuentes (datos sísmicos principalmente, pero también de temperatura, magnetismo, densidad, flujo de calor, estudio de meteoritos, características orbitales y planetarias, rocas procedentes del interior, gases emitidos por volcanes…), juntando todo eso, te decía, vamos averiguando cada día más de cómo no es la Tierra.

Lo cual nos aproxima mucho más a cómo sí podría ser.

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Perovskita es un nombre raro. Y Postperovskita más. Je! Si repites el nombre suficientes veces y suficientemente rápido, hasta tiene gracia. Postperovskita, postperovskita, postperovskita, postperovskita… ¡Casi suena a palomitas de maíz…! :)

Pero es importante saber que existen. Es importante conocer algo del mineral más abundante de este planeta. Tan abundante que si le cambiáramos el nombre, o si viniera un extraterrestre, no se le llamaría Tierra. Se le llamaría planeta Perovskita.

Manto
Fuente: GeoScienceWorld

Resulta que el manto, la capa de la Tierra que más volumen tiene, está hecho, todo él, de los mismos materiales. Mucho oxígeno (O), mucho silicio (Si), mucho magnesio (Mg). Algo de hierro (Fe), algo de alumino (Al), algo de calcio (Ca). Pero, a pesar de estar hecho todo él de lo mismo, tiene cinco capas. ¿Y eso? Es como si echara a una olla los ingredientes de una receta de cocina, bien mezclados, y tras un tiempo al fuego, sin tocar nada, resultara una empanada de cinco pisos…

Cosas de la densidad. El interior de la Tierra sufre unas presiones enormes por todo el peso que tiene encima (y debajo, que debajo también aprieta). Más dentro, más presión soporta. Tanto que el manto, en su parte inferior, en la que contacta con el núcleo, equivale a estar bajo 1.300.000 atmósferas (redondeando) como la terrestre. O, lo que es lo mismo (también redondeando), lo que notarías si estuvieras sumergido en el mar a 1.300 kilómetros de profundidad (cosa que no es posible en la Tierra porque, aquí, los océanos tienen una profundidad máxima de, redondeando, una decena de kilómetros…).

O sea. Una barbaridad de presión.

Eso hace que los átomos que forman los minerales se vayan apretando cada vez más conforme más profundos se sitúan en el manto. Más densos, vamos. Más átomos en el mismo espacio. Y de ahí las cinco capas. Porque llegan momentos, puntos críticos (cambios de fase, se llaman técnicamente), en los que los enlaces entre los átomos no soportan más tanta fuerza y se colocan de otro modo. Más… más cómodo, digamos. Adaptado a la nueva situación, a la nueva presión. Y eso pasa varias veces en el manto conforme aumenta la profundidad y, por tanto, la presión.

Olivino Espinela
Olivino Espinela

La primera capa del manto, justo bajo la corteza, es de olivino, un mineral que puedes encontrar en la superficie formando parte de rocas magmáticas. A unos 410 kilómetros hay un cambio. Los enlaces de los átomo del olivino no aguantan y se organizan de otro modo. Más o menos los mismos tipos de átomos, sí, pero dispuestos de otra manera. Y se llaman espinela. En realidad, hay dos capas aquí, porque entre olivino y espinela hay una zona de transición, pero mejor no te complico las cosas… Sólo te lo digo por si luego haces cuentas y no te salen. O sea, que llevamos tres capas y faltan dos más.

Perovskita
Perovskita

Al llegar a los 660 kilómetros de profundidad, la presión ha subido tanto que vuelta a reorganizarse. Y hemos llegado a la perovskita. Que está mucho más empaquetada que la espinela, más densa, más átomos en el mismo espacio… Y que abarca desde los 660 km hasta los 2600. Nada menos que casi dos mil kilómetros de perovskita en el interior de la Tierra… Te dejo a ti saber cuánto volumen es eso, qué porcentaje del total. Te recuerdo que la fórmula es V = 4/3 p r3. Y que para conocer el volumen de una parte de una esfera tendrás que calcular varios volúmenes (el de la esfera  total, el de la esfera interior) y restarlos entre ellos. Yo te dejo estas pistas y ya me contarás qué resultado te da… ;)

Postperovskita
Postperovskita

Pero no hemos acabado. Antes se creía que sí, pero desde el trabajo de Kei Hirose y su equipo se sabe que hay más. ¿Qué viene después de la perovskita? ¡Pues la postperovskita! Más compactada. A pesar de que se pensaba que no, que no era posible. La postperovskita compone los últimos 200 km del manto, antes de llegar al núcleo. Lo que se conoce como capa D”.

¿Consecuencias de todo esto? Pues que la tectónica de placas profunda, la que sucede en el manto, la que le pasa a una placa después de que subduzca, cómo se mueve, hasta dónde llega, está gobernada, por completo, por esos cambios de fase. Y es que la placa que subduce se va encontrando zonas de cada vez más densidad, a la vez que ella misma cambia. Ese juego de densidad externa, del manto que la rodea, y densidad propia, rige lo que le pasará tras abandonar la superficie. Hasta qué profundidad llegará, cuándo se fundirá en el seno de manto, si ese material bajará más o menos antes de volver a subir… Y es que sin entender esos cambios mineralógicos es imposible comprender bien la razón de la tectónica de placas. Que ya te cuento otro día. Aquí, sólo decirte que la postperovskita permite entender por qué la tectónica de placas es como es. Sin ella, todo había sido muuuuuucho más lento en este planeta. Con montañas menos altas, menos continentes… Pero eso ya te lo cuento otro día.

Límite Manto - Núcleo
Influencia de la postperskovita en el límite manto-núcleo (fuente: L. Vocadlo)

Y fíjate que no he dicho astenosfera ni una sola vez… ;)

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Hay varios.Y es que hay varias clases de corteza oceánica. No todo el fondo del mar es igual. Ni siquiera toda la corteza oceánica está bajo el mar.

Y es que el nombre de corteza oceánica es malo, muy malo. Muchos creen que es la corteza que hay debajo del mar. Vale, pues nos preguntamos una cosita. Hay un día de olas. Una ola avanza sobre la orilla, llega un poquito tierra adentro. Y retrocede. Y vuelta a empezar otra ola. ¿La tierra debajo de la ola es corteza oceánica cuando el agua la cubre y continental cuando se retira? ¿Uno segunditos oceánica, otros segunditos continental? Pongamos otro caso. El Sol comienza a brillar. Mucho. Tanto que evapora toda el agua del planeta. ¿Deja la corteza oceánica de serlo?

No, ser corteza oceánica es algo más serio que estar debajo del agua. Es haber sufrido toda una dinámica.

Para empezar, ser corteza oceánica es haber nacido en una dorsal. Ese es el primer tipo de corteza oceánica. Una dorsal oceánica. Se trata de un magma basáltico. Ser un basalto es una cosa muy seria. Es tener minerales silicatados, pero con abundante hierro, magnesio, calcio. Es tener bastantes más elementos que silicio. Es tener piroxenos y olivino. Es haber nacido de materiales del manto que han llegado a estar a unos 1.000-1.250ºC a no tanta presión como otras regiones del manto. Es haber sufrido esa combinación de temperaturas relativamente altas y presiones relativamente bajas, que han permitido que parte de la roca se funda y escape hacia el exterior del planeta, hacia la superficie, serpenteando por fisuras, hasta llegar y solidificarse. Como basalto. O solidificarse por el camino. Como gabro.

Dorsales sobre Tierra como pelota de beisbol tomado de pubs.usgs.gov/gip/dynamic/baseball.html

Las dorsales, el lugar donde nace la corteza oceánica, son un lugar delgado, muy fino, donde las capas internas del planeta están cerca, muy cerca de la superficie. Le dan al planeta un aspecto de pelota cosida. Como una pelota de béisbol (baseball).

De hecho, las dorsales son uno de los límites, una de las fronteras que delimitan las placas tectónicas.

Todas las dorsales del planeta están interconectadas y forman un costurón de 70.000 kilómetros de largo, salpicadas de saltos laterales, llamadas fallas transformantes, en las que no hay continuidad, sino que la dorsal se desplaza lateralmente. Como si una fuerza inmensa hubiera roto la dorsal en un punto y hubiera apartado un trozo de otro. Y de hecho, así ha sido. Porque la Tierra no es plana, sino esférica. Y eso hace que las placas litosféricas, curvadas, no se expandan en todas sus regiones a la misma velocidad. La tensión acumulada termina por romper la línea de la dorsal en diversas partes. Las fallas transformantes representan esos puntos débiles, esos puntos de discontinuidad.

Fallas transformantes tomadas de almez.pntic.mec.es/~jmac0005/ESO_Geo/TIERRA/Html/Relieve_c.htm

Las dorsales son grandes cadenas montañosas. Dos, de hecho. Con un valle interior llamado rift. Y son dos porque el basalto recién creado, o los gabros, se pueden ir hacia la izquierda o hacia la derecha. Así de fácil.

Hasta ahora te he contado las dorsales como si todas fueran iguales. Y no es así. Hay dorsales rápidas, que fabrican más de 80 mm de suelo cada año, y las hay más lentas, que fabrican menos de 50 mm al año, incluso menos de 12 mm cada año. ¿Adivinas? Por supuesto que hay dorsales intermedias. Y son diferentes. La estructura de las dorsales rápidas es más delgada, pero también más clara, con más diferencia entre las capas, con la discontinuidad de Mohorovicic (Moho para los amigos) muy neta. La de las lentas es más difusa. En ellas, Moho es una región de transición de hasta 1 Km de grosor. Pero, además, la topografía es mucho más suave en las dorsales rápidas, dejando para las lentas las montañas de mayor pendiente y el rift más estrecho. Las cámaras magmáticas bajo las dorsales rápidas son mucho mayores, mientras que en las dorsales lentas hay regiones que, incluso, carecen de cámaras magmáticas, y que, como mucho, reciben intrusiones episódicas (de cuando en cuando, vamos).

Pero ser una dorsal, rápida o lenta, no es la única manera de ser fondo marino. Porque un basalto, o un gabro, orgullosos de haber nacido allí, de ser especiales, termina por ser empujados por los nuevos que aparecen (y, como verás en un momentito, tirado por los que está muriendo). A esas fuerzas de empuje y tirón les llamamos fuerzas tectónicas.

Cuando son desplazados de su lugar de origen se convierten en llanuras abisales. Zonas planas, muy planas, las más planas de la Tierra. Apenas muestran una pendiente del 0’3%. La región más extensa del planeta (el 38% del total de la superficie). Se han convertido en basaltos como muchos otros. Han dejado de ser especiales. Y no sólo eso. Encima, conforme van siendo alejados por el empuje y el tirón que te decía hace un momento, conforme se alejan de su lugar de nacimiento, se acercan a algún continente. Que les tirará encima cada vez más sedimentos. Más cuanto más cerca. Y más cerca cuanto más tiempo haya pasado desde que nacieron. Cuanto más viejos, más grosor la capa de sedimentos sobre ellos.

Los basaltos y gabros que forman la corteza oceánica permanecen hasta unos 200 millones de años en las llanuras abisales. Ojo, que he dicho “hasta”. Hay basaltos que duran menos. Todo depende, tanto de que sea una dorsal rápida o lenta, como de que esté más cerca o más lejos del continente. Para llegar a vivir 200 millones de años, la dorsal en la que nacieron los basaltos y gabros tendría que estar en mitad de un amplio océano y no ser muy rápida. (Algunas regiones, muy confinadas, muy localizadas, pueden llegar a 240 millones de años).

Punto caliente tomado de recursos.cnice.mec.es/biosfera/alumno/1bachillerato/estrucinternatierra/contenido4.htm

Durante todo ese tiempo, tan aburrido, tan todo igual, puede ocurrir, de cuando en cuando, algo interesante. Que, de pronto, sin haber ninguna dorsal, salga magma del manto. Puede ser una emisión puntual. Que forma una isla volcánica (si sobresale) o una montaña marina (si no). Pero, recuerda, la corteza no está quieta, sigue avanzando. Y se lleva la isla (o montaña), dejando sitio para que se forme otra. Y otra. Y otra. A ese sitio donde se forman islas (o montañas) al pasar la corteza oceánica sobre él, a ese sitio le llamamos punto caliente.

A veces el punto caliente es muy bestia. Muy, muy, muy bestia. Tanto que forma una erupción volcanica masiva. Y masiva quiere decir masiva, masiva de verdad. Como los traps de Siberia (un par de millones de Km3), los traps de Deccan (“sólo” medio millón), o la meseta Ontong-Java (del tamaño de Alaska). Estas erupciones masivas pueden crear pequeños bloques, llamados terranes, que, cuando llegue el viaje de la corteza oceánica hasta un continente, los empotren contra él y así lo hagan crecer. Esto se llama acreción continental. No suceden muy a menudo, por suerte, porque emiten tanto magma que los gases que lo acompañan alteran el agua y la atmósfera. Tanto que pueden provocar extinciones. También masivas.
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Se acerca el final. Se acerca otro tipo de fondo oceánico. Se acerca la fosa abisal, también llamadas trincheras. Se acerca el lugar donde choca la corteza oceánica a la continental (a veces también a otra oceánica).

Esas regiones, las más profundas del planeta, se corresponden con el lugar donde los basaltos y los gabros dejarán de ser basaltos y gabros. Porque las fuerzas de choque y compresión los convertirán en rocas metamórficas (muy pocos de ellos, en realidad). O porque los fundirá, mezclados con agua y sedimentos.

Subducción tomada de snet.gob.sv/Geologia/Vulcanologia/paginas/origen.htm

Y parte de ese fundido se convertirá en los granitos que forman las montañas volcánicas que jalonan esas regiones de choque. Esas montañas donde mueren los basaltos y los gabros, al menos en parte, pero donde nace la corteza oceánica.

O los meterá hacia el interior de la Tierra, para devolverlos a lugar de donde vinieron. Al manto. Mediante un proceso llamado subducción. Que tirará del resto de la corteza oceánica para que nuevos basaltos puedan nacer.

Hay un tipo de fondo, llamado cuenca trasarco, del que te hablaré otro día.

Perdón por no haber usado la palabra litosfera. Hubiera debido. ¿Sabes por qué?

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Las capas de la Tierra no existen. Si estuvieras allí donde dicen que hay un límite entre capas de la Tierra no verías nada. No hay una frontera, una línea. Hay una transición, en todo caso. Una transición entre una región que es de una manera para una propiedad (p.ej., composición química) y otra que es diferente para esa misma propiedad (composición química en el ejemplo). Pero pueden ser iguales en todo lo demás.

No, las capas de la Tierra no existen. Pero la Tierra funciona como si tuviera capas. O a nosotros nos lo parece. La entendemos mejor con eso concepto. Por eso lo usamos.

Normalmente, se usan dos tipos de propiedades para diferenciar las capas de la Tierra. Una es la composición química. Pero es complicado averiguar qué composición hay a 1.000, 2.000, 5.000 Km de profundidad. Se puede suponer, se pueden hacer conjeturas, pero es difícil. Pero, allí donde tenemos buenas pistas de qué tipo de material hay, sí que usamos esa propiedad, la de la composición química, porque es bastante real. A pesar de las incertidumbres. Porque divide bastante bien la Tierra en capas.

Hay otra propiedad que también se utiliza. Porque es muy fácil de medir. Pero tiene el problema de ser menos real. Las capas que da esa propiedad son menos ciertas que las capas que da la composición química. Pero es fácil de medir y da buenas pistas. Esa propiedad es la velocidad de las ondas sísmicas, de las ondas generadas en terremotos, en seísmos.

Imagina que vas corriendo. Por asfalto. Ahora imagina que, de pronto, cambia el tipo de suelo que estás pisando. Por ejemplo, barro. ¿Irás a la misma velocidad? No, la cambiarás. Probablemente irás más lento. Eso le ocurre a las ondas sonoras. Al cambiar de medio, al cambiar el tipo de material por el que se propagan, las ondas cambian de velocidad.

Pero imagina que no alternas entre asfalto y barro, sino entre asfalto viejo y asfalto recién echado, reblandecido aún por el calor. También cambiarás de velocidad, aunque hagas toda la carrera sobre el mismo material. Lo que ha variado no es el tipo de material sino su estado físico.

Como puedes ver, un cambio de velocidad de las ondas sísmicas es fácil de ver, pero difícil de interpretar. Se llaman discontinuidades sísmicas, y hay varias. No todas tienen la misma importancia.

Otro día te hablaré de las ondas símicas con más detalles. Hoy, lo único que te quería decir es lo que es corteza. Una capa de la Tierra, la capa superior, y su límite inferior está marcado por una discontinuidad sísmica. Es decir, por una región en la que la velocidad de las ondas sísmicas cambia más o menos con brusquedad. Y es una capa más o menos real porque su composición química es bastante diferente de todo lo que tiene debajo.

Pero te estoy mintiendo. En realidad no es una capa. Son dos capas superficiales. Muy distintas entre sí, aunque muy relacionadas. Lo que las hace llamarse corteza es que las dos son exteriores. Se llaman corteza continental y oceánica. Pero es fácil distinguirlas, como verás a continuación.

Te estoy volviendo a mentir. Hay regiones en las que no se sabe si la superficie es de un tipo o del otro. Está como mezclada, tiene características de las dos. Y a esto se le llama corteza transicional.

Así pues, y ahora no te miento, hay tres cortezas: continental, oceánica y transicional. Lo que es cierto es que hay varios subtipos de cada una de ellas. Pero eso también lo vamos a dejar para otro día.

Hay diferencias entre continental y océanica. Especialmente respecto a área, volumen, flujo calorífico, espesor y tipo de rocas que tienen. Tanta diferencia que, si no fuera porque ambas capas están en la superficie una junta a otra, si estuvieran una encima de otra, se considerarían claramente capas distintas.

La corteza oceánica supone el 55% de la superficie terrestre mientras que la continental es el 40% (eso deja un 5% para la corteza de transición). Por tanto, la mayor parte de la superficie sólida del planeta es corteza oceánica. Pero como es delgada, mucho más delgada que la continental, su volumen es menor. Sólo supone el 17% del total de la corteza, mientras que la continental ocupa el 77%. Mucha diferencia, ¿no?

El flujo calorífico es la cantidad de calor interno que deja escapar cada capa. Bastante menos para la continental que para la oceánica (55 mW/m2 frente a 67, con picos de 200 en algunas regiones; watio/m2 es la unidad en la que se mide el flujo de calor). Otra diferencia grande, ¿no?

Cortezas oceánica y continental tomado de cmvs-unicach.com/vulcanologia2.html

Respecto a la composición, sin entrar en detalles (otro día más) es muy distinta. Las rocas típicas de la corteza oceánica son gabros y basaltos, mientras que las de la corteza continental son granitos y granodioritas. Y eso es porque la corteza oceánica es un destilado del manto, en el que sólo sus materiales más ligeros, menos densos, de menor punto de fusión (que se convierten en líquidos a menor temperatura), salen a la superficie. Para formar la corteza oceánica. Y luego, de ellos, una vez sometidos a nuevas presiones y nuevo calor, sólo los materiales más ligeros de entre los ligeros, quedan arriba. Un basalto es un residuo del manto calentado. Un granito es un residuo de un basalto calentado. No es muy exacto lo que te cuento (no he tenido en cuenta las rocas sedimentarias ni el agua, no te digo que esa dinámica de conversión de una en otra afecta en realidad a la litosfera, que consiste en la corteza y algo de manto unido a ella, etc.). Pero puede valer para entendernos. Es decir, que la composición química, aunque sea distinta, revela que hay una relación entre corteza oceánica y corteza continental.

Todas esas características hacen que ambas capas sean claramente distintas. A pesar de llamarse corteza.

Me acabo de dar cuenta que me he dejado muchas cosas en el tintero. Mejor, así tengo de qué escribir.

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La Tierra experimentó una época inicial terrible. Tan terrible que se la denomina periodo Hádico (el Hades es el infierno de la mitología griega). Durante ese tiempo la mayor parte de su material estaba fundido. Y eso por la forma en que nació.

El mecanismo que parió nuestro planeta recibe el nombre de acreción. ¿En qué consiste? En llover piedras. (técnicamente se denomina acreción). Te cuento. Resulta que cuando se formó el Sol, no todos los materiales de la nube de polvo y gas entraron a formar parte de él. Una cierta cantidad se quedó a su alrededor. Con el tiempo formarían los planetas. Cerca del Sol sólo permaneció el material más resistente a la temperatura: minerales. Inicialmente, pequeños granos. El resto, gases y polvo, fueron barridos por la fuerza del Sol (técnicamente se llama viento solar y consiste en un montón de partículas que lanza el Sol todos los días a todas horas, pero que en la época inicial de su vida era mucho más fuerte).

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Mientras tanto, la fuerza de la gravedad iba haciendo su trabajo (no sólo la fuerza de la gravedad; también la atracción electrostática y el magnetismo, pero para entendernos). Un grano grande atraía a otro. La radiación solar también colaboraba. Fundía parcialmente la superficie mineral de modo que se unían en uno solo. Y así una y otra vez hasta formar grandes granos. Pedruscos más bien. Les hemos puesto nombre. Les llamamos planetesimales. Los planetesimales también chocaron entre sí para unirse. Cuanto más grandes, a más planetesimales atraían. Poco a poco, pero sin parar, se formó un cuerpo mayor (llamado protoplaneta). Y poco a poco, pero sin parar, le llovían planetesimales. Con cada impacto se liberaba calor. Como eran muchos impactos, se liberaba mucho calor. Ese protoplaneta tenía, con tanto calor, mucho de su material fundido. Lo mismo le pasó a nuestro planeta gemelo, Venus.

¡Ahhhh! Por fin, después de tanta charla, llegamos a las capas. Cuando el material está fundido puede moverse. Es un fluido. Es un líquido. Y puede obedecer a la densidad. Así, la roca más pesada (hierro y sulfuros de hierro, níquel) se irá al interior. Y formará el núcleo. Lo más ligero (silicatos) se quedará arriba, y le llamamos manto. Entre los silicatos hay algunos todavía más ligeros (tectosilicatos; un nombre raro para decir que son pobres en hierro y magnesio y ricos en aluminio, que es un elemento muy ligero). Y esos tectosilicatos ligeros terminarán quedando por encima del manto, como la espuma de la cerveza está sobre el líquido. Y se llamará corteza.

¿He acabado? No. Porque hay materiales más ligeros todavía: líquidos y gases. ¿Pero no dijimos que alrededor del Sol no quedaban muchos gases? Sí, es cierto. Pero el calor de los impactos iba fundiendo la roca. Y creando gases. Y esos gases, al enfriarse, dando lugar a líquidos. Así, la Tierra es, sobre todo, sólida. Pero también tiene una envoltura exterior de agua (hidrosfera) y aire (atmósfera, con la mezcla de gases propia, única, de la Tierra).

A cada capa de la Tierra le llamamos geosfera. Así, hay varias geosferas.

Está claro que hay una Tierra interior sólida y una Tierra exterior fluida. ¿Le ponemos nombre a la capa sólida? Bueno, pues es más difícil de lo que parece. No le podemos llamar geosfera, porque ese nombre vale para cualquier capa, sólida o no. Le podríamos llamar litosfera, pero resulta que el término ya está cogido. Le han puesto ese nombre, litosfera, a la suma de la corteza y de parte del manto, porque se comportan igual: son rígidas. A diferencia del resto del manto, que como tiene un poquito de roca fundida se parece más a la pasta de dientes que a la roca rígida de la superficie.

¿Qué nombre le ponemos? Pues no conozco ninguno bueno. Ni geosfera ni litosfera.

Llamémosle geosferas sólidas.

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