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Dirección de mail Pienso, luego escribo

Archivo de Noviembre 2009

Si recuerdas, en “Hipótesis y teorías científicas (intentando clarificar)“, el método científico te indicaba que sólo podíamos conocer lo que no funciona. Bien por la vía de refutarlo (mediante experimentos se desmiente que eso sea cierto), bien por la vía de la anomalía (aunque algunos experimentos indiquen que algo podría ser cierto, no encajaría con todo lo demás).

¿Y, entonces, qué criterio empleamos para verificar que algo no funciona? Mirar, oler, tocar, gustar, oír, pensar… No, con eso ya no basta. Puede que en el pasado sí, pero hoy no. Porque hoy nos preocupamos por cuestiones que son de mucho detalle o muy complicadas. Ya no observamos con los sentidos, no. Eso es cosa del pasado. Nuestras capacidades se han quedado tan cortas que necesitamos instrumentos y un sistema lógico más riguroso que nuestro mero pensamiento (las mátemáticas).

Complejidad

Fuente: http://tinyurl.com/yjp6ujo

Tan complejo es lo observado que nace la necesidad de interpretar. Y es que los resultados de los experimentos no son claros, definitivos, netos. No lo son para nada. No son blancos o negros, no. Hoy, a las conclusiones no se llega por un único resultado, sino que los experimentos suelen incluir muchas, muchas, muchas mediciones. Y no todas salen igual. Algunas, por azar, podrían coincidir exactamente con lo que se buscaba; y otras ser totalmente contrarias, también por azar. Incluso podrían aparecer resultados a favor y en contra a la vez, en el mismo experimento.

Además, y esto es muy importante. Está la simplificación. En las investigaciones no se reproduce exactamente la realidad, que es muy compleja. Sería muy escaso el número de cosas que podríamos estudiar si intentáramos experimentar con fidelidad. No, no, los estudios de hoy son versiones muy simplificadas de la realidad. En ellos quitamos factores con la esperanza de que, sin perder mucha exactitud, se pueda facilitar (y abaratar) el conocimiento científico.

Así que el método científico dejó de ser algo exacto hace mucho tiempo, si es que realmente lo fue alguna vez. Y sus conclusiones tampoco son exactas.

¿Cómo nos podemos fiar entonces de la ciencia, si lo que produce contiene incertidumbre? Pues gracias a la estadística y a los paradigmas.

Estadística

Fuente: http://tinyurl.com/yf6ljty

La estadística es una ciencia que te da ideas acerca de cómo es algo muy grande o muy complejo observando sólo una parte. Y te dice también la probabilidad de que las conclusiones a las que has llegado estén equivocadas.

¡Ojo! Que la estadística se puede usar de muchas maneras, buenas y malas. La estadística te dice qué probabilidad hay de que algo que tú preguntas sea cierto. P.ej., qué probabilidad de que haya una relación entre A y B. ¡Pero ojo! Que tú puedes preguntar una tontería sin sentido. O usar una técnica estadística (hay muchas) en vez de otra sólo porque sabes que te va a dar la respuesta que buscas. O tratar de inventar la realidad para que encaje con la estadística.

Sin la estadística no se va a ninguna parte, pero sólo con ella tampoco. Y es que una vez que una ideas ha pasado ese filtro, hay que dar un paso más. Hay que verificar que encajen bien con todas las demás cosas que creemos que sabemos. O sea, con los paradigmas.

Pero por el encaje es un doble examen. Cuando se hace un experimento, sus resultados van más allá de comprobar una mera hipótesis. En cada experimento está en juego toda la realidad. Porque de una nueva investigación puede surgir una idea que no encaja, que no se adapta bien a lo que ya sabemos. Bueno, si es solo una…, pues podemos considerarla una anomalía. Algo desconocido falló, no estuvo bien diseñado el trabajo… Pero si una y otra vez surgen anomalías, es que algo se nos ha pasado y es necesario repensar muchas cosas. Como ves, la idea de paradigma es muy poderosa. Porque la acumulación de anomalías puede tumbar muchas ideas, muchas. Arrastrarlas, puesto que unas están ligadas con otras.

Encaje

Fuente: http://tinyurl.com/n486qj

Hemos sometido nuestro saber a numerosísimas pruebas en el último siglo. A tantas que hemos perdido la cuenta. A tantas que las ideas supervivientes se han vuelto muy sólidas, muy comprobadas, firmes anclas en las que apoyar nuevo saber. Y eso es lo que hemos hecho.

Con la estadística y con el criterio de buen encaje con lo que ya teníamos, nuestro saber se ha vuelto muy, muy firme. Ese es el método científico moderno. El que ha tenido éxito. Un éxito tan increíble que ha desbordado a nuestra propia mente y nos ha llevado a un mundo muy extraño, en el que lo razonable está en declive.

¡Ay, lo razonable…! El pensamiento lógico está sobrevalorado, ¿sabes? Ten en cuenta que nuestro cerebro que ha evolucionado en la sabana africana. Está preparado para encontrar comida y recordar dónde, encontrar pareja y mantenerla, ir al refugio más cercano, usar piedras, ramas y cortezas de ramas, hacer alianzas y luchas de poder… No, definitivamente no es un cerebro evolucionado para comprender lo que sucede a la velocidad de la luz o la naturaleza de la materia, el espacio o el tiempo, o por qué un gato puede estar a la vez vivo y muerto, o dónde están escondidas seis o siete dimensiones en un espacio pequeñísimo, o si hay o no más universos, o por qué el tiempo va más rápido o más despacio según a qué velocidad te mueves tú…

¡Y sin embargo lo hemos hecho!

Hemos aprendido más allá de la lógica, del pensamiento, de la experiencia. Hemos terminado por admitir que estamos muy limitados por nuestros sentidos y no captamos cosas importantes. O que todavía no hemos descubierto instrumentos para medir algo que existe, pero que no sabemos que existe. (Un ejemplo. Casi el 90% del Universo está hecho de algo que llamamos materia oscura. Y hay también una energía oscura. Las llamamos oscuras porque dicen las matemáticas que existen, pero no tenemos ni puñetera idea de qué son. Creemos que están ahí, pero jamás las hemos percibido ni sabemos de qué están hechas ni cómo funcionan, ni nada de nada).

¿En qué ha quedado la búsqueda de la verdad? Me temo que en no mucho.

Ha sido sustituida por lo que pudiera ser verdad, por extraño que resulte, por desconocido que sea. Hemos partido de un saber que pudiera ser cierto y sobre él hemos cimentado todo lo demás. Y es lo único a lo que podemos aferrarnos. Al contexto, al paradigma. Ahora suponemos que las cosas son ciertas porque encajan entre sí. Y la medida del encaje la dan los resultados estadísticos. Desde Kuhn nos fiamos del contexto, de los paradigmas, mucho más que de la razón y que de la experiencia.

Ufffff!!!! No es de extrañar tanto lío acerca de esas palabras aparentemente sencillas: teoría, hipótesis, paradigma. Es un mundo extraño este de la ciencia que ya no busca la verdad, sino lo que encaja, que usa la razón pero no se fía de ella, que emplea la estadística a sabiendas de que se puede usar equivocadamente, que experimenta sin saber si se está dejando algo importante.

¿Pero sabes una cosa? Mira a tu alrededor… Mira a dónde hemos llegado. Tenemos automóviles, antibióticos, móviles, satélites, ordenadores, microscopios de efecto túnel… Sí, tenemos un método raro e imperfecto que nos ha traído a un mundo lleno de posibilidades y de incomodidades. Tenemos un método raro e imperfecto, variable según los campos, pero que funciona.

Piénsalo la próxima vez que enciendas la televisión, llames por el móvil, acudas a un médico para hacerte un análisis, te tomes la mdicina que te recete, escribas un mail contándoselo a alguien, enciendas o apgagues la luz, te laves las manos sin tocar el grifo y te las seques sin tocar el secador, escribas con un bolígrafo desechable en un papel reciclado… Cada vez que hagas algo que en el siglo XIX no se podía hacer y en el XXI sí.

El método científico es raro, confuso. Pero funciona. Nos ha traído aquí.

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Que haga falta esta canción… Es increíble… Qué país, qué país, qué gente con más ganas de pelea hay en este país… ¡Joder qué tropa! El “estatut”, igual que la educación, es cuestión de hablar mucho, escuchar mucho, tener mucha paciencia con el otro y con uno mismo. Y acordar, acordar. Para vivir juntos y agustito. Para no tener que recordar…

Se trata de vivir lo mejor posible, ¿no? Con el “estatut” y con la educación, ser excluyente (¿exclusivos?) es fácil. Ser inclusivos es más difícil, pero más bonito. No quiero a los que excluyen, a los que sólo entienden una España (la suya) o una educación (la suya). No me gustan.

La Constitución no es un límite, es un acuerdo que obedece a la convivencia. Y que debe evolucionar conforme la convivencia lo recomiende.

¡Joder que tropa…!

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Es @Eraser quien ha disparado este post al poner en blip.fm la canción. Síguelo si puedes y te apetece. Yo disfruto mucho haciéndolo. Y que luego digan que lo virtual no es real… Buenos ratos que le debo…

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Resulta que últimamente voy de trabajo hasta arriba. Yo, que soy aspirante a perezoso! Muchos de mis compañeros y compañeras piensan que soy trabajador… :( Que no, que no… Que todas las vueltas que le doy a la cabeza es para currar menos…!!!

Pero el blog es otra cosa. El blog es un compromiso contigo. Porque me gusta leer y me gusta contar lo que leo. Y a veces también darle vueltas a la cabeza y explicarte alguna de ellas, por si sirve.

Pero estaba (estoy) yo flojito en el blog. Y me preocupaba (preocupa). ¿Solución? Pues hacer explícito ese compromiso. Que creo que voy a poder cumplir… Y si no, que me lo demandes y yo te tenga que dar una explicación de por qué no. Hacer explícito, por tanto, ese compromiso, todos los domingos. Decirte de qué va la semana. Y a la vez, tratar de respetar tu tiempo al máximo. Que no tengas que estar dando vueltas si querías leer algo, que sepas cuándo va a salir algo que te interesa y algo que no.

En fin, al lío…

Mañana lunes quiero saldar mi deuda con Vicky. ¿Tú te crees? ¡A estas alturas y sin acabar el segundo post que quería realizar sobre el método científico? Es verdad que tengo excusa, eh? Que el miércoles me tuve que ir a Madrid al V Congreso de Educared.

De hecho, el martes quiero hacer un post resumen de lo que me he traído de allí, de las vueltas a la cabeza que le he dado allí. Y es que no se trata de contarte sólo Biología y Geología. O algunas veces Física, Química o Matemáticas… Se trata de contártelas de un modo determinado. No me vale cualquier manera. Por eso también quiero que sepas cómo veo yo la educación.

El miércoles, siguiendo con el tema de Educared, tenía yo ganas de un ajuste de cuentas. En plan pistolero, ¿eh? Y sin remordimientos. Y es que la wifi de allí ha sido de pago o con tarjetitas de media hora. Y eso no son formas, no. Así que acordamos varios de nosotros lanzar algún post, con tanta mala leche como podamos, acerca de qué nos parece un congreso de esta envergadura con ese estilo de servicio a los congresistas. Que es un desperdicio tener allí, incomunicados, en las sillas, sentados y callados, a un montón de gente que sabe de educación mucho, muchísimo, y tener a la audiencia aguantando a veces a ponentes que no demuestran el más mínimo respeto por quien escucha, al menos en su forma de transmitir (a lo mejor sí, sí que lo tienen, pero demostrarlo, poquito). Que es estúpido un congreso donde sólo hablan seis, y en muchas ocasiones no son los más interesantes. Que no es inteligente no dar voz a los congresistas y tratarlos como alumnado que estorba… En fin, el miércoles, que me estoy acalorando y mejor dejarlo por ahora…

El jueves tendré que volver a Biología y Geología, que es el hilo fundamental de este blog, ¿eh? Y quiero hacerlo con cómo se está luchando contra bacterias multirresistentes. Te juro que es preocupante el tema. Y mucho. Pero también, por vez primera en muchos años, están sucediendo cositas en la investigación de antibióticos.

El viernes me gustaría contarte cómo veo el papel de las editoriales y los libros de texto en la educación que viene. Y por qué no me gusta ese papel actual. Es que estoy convencido que los libros de texto son un problema para tu aprendizaje. Pero a la vez sí creo que las editoriales tienen un modelo de negocio viable, alternativo. Y te prometo acabar este post con un compromiso personal acerca de cómo voy a usar los libros de texto.

Entre tanto, también a lo largo de esta semana, quiero reorganizar todas mis fuentes de información. Mis RSS de blogs. Que hay mucha gente guapa que me estoy perdiendo yo por no estar bien organizado. Y también quiero dar respuesta a todas las tareas que me están enviando el alumnado de Proyecto Integrado. Y darle un empujoncito al trabajo de la gente de Diversificación, para que terminen de aprender la metodología de uso del ordenador como generador de productos donde almaceno mi estudio. Que es muy sencillita, sí, pero que requiere constancia. Y apremiar el trabajo de la gente de 1º de Bachillerato de Biología y Geología, que van retrasadillos en la evaluación. Parece que aún le tienen miedo a pesar de los esfuerzos que estamos haciendo para que se den cuenta de que no hay límite (más allá de la disponibilidad de tiempo) para examinarse. ¡Que los objetivos los conocéis y sabéis que podéis examinaros tantas veces como queráis hasta lograrlos! ¡Que los exámenes son una forma de aprender tan normal como escuchar en clase! Miento… Son mejor forma de aprender.

También por ahí hay varias cositas pendientes (plasmar la cooperación con Carmen y Victoria alrededor de la Diversificación en un protocolo de documentación digital; animar el trabajo de mis compañeros en nuestro “Colabora” y aportar el mío; lanzar ideas a Alba y Luis sobre cómo veo el año que viene, cuando vengan el alumnado de 1º ESO con sus ordenadores, y que ambos me digan cómo lo ven, qué piensan de lo que yo pienso; continuar el trabajo de documentación de algunas clases de Proyecto Integrado con César, Manolo, Silvia, Alberto, Sebastián, Alfonso; algún correo que debo por ahí a mi gente de Sevilla; ir estrechando lazos con la gente de twitter que me he encontrado y hacerles una propuesta; mirar lo que está produciendo Ismael y darle todo el apoyo que me sea posible; chatear con mis amigos de para que no nos olvidemos unos de otros tan nunca como sea posible, etc.). En fin, lo de todas las semanas, no?

Así que, al trabajo! El domingo que viene te contaré la semana siguiente y cómo me ha ido esta… Hoy no, hoy el día es para pasarlo con mi chica y apagar el ordenador…

Saluditos…!!! :)

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Este post es fruto de la colaboración con Vicky, de RedBioGeo. Que tenía yo ganas, sí! :)

“Antes muy antes”, el pensamiento científico aspiraba a obtener la verdad. Hoy ya no tanto. No es que se haya renunciado, no. Es que se empieza a pensar que ese no es el trabajo de un científico.

La caverna de Platón

Fuente: http://tinyurl.com/ycw3nqb

“Antes muy antes” (me refiero a la época de Platón, siglo IV a.C.), la verdad procedía de la mente. Se creía que bastaba con aplicar unas buenas reglas lógicas, de pensamiento, para descubrir cómo eran las cosas. El mundo existía porque existía el pensamiento. La experiencia era una representación imperfecta de la razón. Ya sé que suena raro pero era la manera de pensar predominante antes muy antes. La fuente de la verdad, entonces, se situaba en la mente.

Vamos a ver… Esa influencia era más intelectual que práctica. Un agricultor o un pescador no razonaban acerca de facilidad con la que un arado actuaba o de la flotabilidad de un bote. Más bien probaban cosas y veían si funcionaban. O sea, que estaban ciencia por su lado y tecnología por el suyo. Claro. Porque la ciencia lanzaba ideas que sí, que parecían muy razonables, pero que funcionaban poco. Bueno, también se lograban ideas buenas, ¿eh? Pero tantas como ideas fallidas. Y es que la ciencia se consideraba la actividad más elevada, propia del alma, del espíritu que buscaba la verdad. Y la tecnología… La tecnología buscaba cosas que funcionaran. Y como eso es trabajar manualmente, se le dejaba a los que no se les consideraba capaces de pensar, sólo de actuar (fundalmentalmente a los pobres). Porque actuar siempre ha estado mal visto. Claro, pensar no mancha.

“Algo después de antes muy antes” (en los siglos XVII y XVIII, vamos),  la experiencia cobra otro valor. Bajo la influencia de pensadores tan eminentes como Bacon, Hobbes, Locke, Hume. Todos ellos ingleses. Es curioso, ¿no? Que coincida esa mentalidad de darle a la experiencia otro valor, superior al del mero pensamiento, con ingleses. Y que la Revolución Industrial sucediera en Inglaterra. Y que Inglaterra fuera la nación dominante durante esos siglos y hasta principios del XX, frente a la platónica España y a la racionalista Francia. ¿Será que enfocaron bien el problema de la ciencia? ¿Que aunaron ciencia y tecnología? ¿Que le dieron a la ciencia un papel social? ¿Que incorporaron a la ciencia toda la sabiduria acumulada en la tecnología y que hasta entonces se había mantenido aparte, porque manchaba?

Pero había un problema. Llevado al extremo, ese empirismo (ese obtener el conocimiento únicamente de la experiencia) puede negarle cualquier papel a la razón, al pensamiento.

Y no es eso, no es eso…

No todo puede ser experiencia, no todo puede ser experimento. Y es que hay tantas cosas que ver, que oír, que tocar, que oler, que gustar… Hay tantas cosas que investigar que no podemos experimentar porque sí. La experiencia tiene que estar guiada hacia algún propósito. Y la experiencia, sin atención, no es nada. La mente interviene. Dirige nuestra atencion y pone un filtro a la experiencia. Nos dice qué merece la pena atender y qué no. Qué tiene relevancia.

Luego necesitamos una guía para la experiencia. Ahí vuelve a entrar el pensamiento. Por tanto, el obtener ideas es una combinación de ambas fuentes: pensamiento y experiencia.

¿Y ya está? ¿Combinar pensamiento y experiencia era la solución?

Cabeza con hipótesis

Fuente: http://tinyurl.com/yjtjhup

¡¡¡¡Ayyyyyy!!!! En realidad eso tampoco es cierto. No basta. Porque hoy tenemos muchas ideas, muchísimas. Hemos avanzado una barbaridad. No es que haya pasado mucho tiempo, no. Es hemos descubierto muchas cosas. No midas el mundo en tiempo, mídelo en avances, descubrimientos, ideas. Entonces verás que estamos muy lejos de “antes muy antes” (siglo IV a.C.) y de “algo después de antes muy antes” (siglos XVII-XVIII); estamos en un mundo mucho más rico en descubrimientos. Y eso cuenta, eso tiene un peso. Hemos avanzado tanto en comprender el mundo que el valor de un nuevo descubrimiento no se mide por lo cierto o incierto que sea, sino por como encaja con lo que ya sabemos. Una idea aislada, aunque parezca buena, si no encaja se considera una anomalía y no se tiene en cuenta. Para aceptar un hallazgo, tiene que encajar en el contexto de los demás hallazgos.

Así, los científicos, a partir de esa mezcla de pensamiento, experiencia y contexto, lanzan propuestas. Propuestas acerca de cómo creen que es el mundo. Esas propuestas tienen que ser razonables, tienen que poder verificarse mediante algún tipo de experimento que permita medir, tienen que encajar con las demás. No vale cualquier idea, tiene que cumplir esos requisitos. A esas propuestas con esas características les venimos llamando hipótesis científicas.

Pero esas suposiciones, que parecen ser razonables, que podrían encajar con lo que sabemos, hay que comprobarlas. Y eso se logra sometiéndolas a la experiencia. Y a la estadística. Porque en muchas ocasiones, lo que estudiamos es muy complejo, o muy amplio. Tan complejo o tan amplio que en los experimentos hay que simplificar. Es decir, que el experimento toma parte de la realidad, no toda. Y eso significa introducir posibles errores en los resultados finales. En la ciencia moderna los experimentos nos dan datos que hay que interpretar, no resultados que directamente digan sí o digan no. Eso es lo que llamamos método científico. Obtenemos unos datos y comprobamos si es probable que apoyen nuestra hipótesis. Es decir, si pudieran ser ciertas. ¡Ojo! No si son ciertas, sino si pudieran serlo. A eso se le llama corroboración de hipótesis. Y si no se logra, si se demuestra que la hipótesis es falsa bajo las condiciones del experimento, se llama refutación.

Y es que el método científico ha ido evolucionando. Hasta Popper, el método científico buscaba la verdad. Desde Popper se busca eliminar lo que no es cierto y renuncia a encontrar la verdad. Sólo se queda con lo que podría ser cierto. Es decir, no puedes estar seguro del todo ¡de nada! Pero si algo funciona una y otra y otra vez, si algo supera múltiples comprobaciones, múltiples experimentos, ocurre que, aunque no estés seguro del todo, sí que puedes actuar como si fuera cierto. A eso que funciona una y otra vez, que encaja bien con otras ideas y que se considera razonable, que tiene poder explicativo, sirve para fundamentar una teoría científica. Que es una formulación, una idea, un modelo, una ecuación… lo que sea que sirve para explicar y predecir. Para explicar y predecir los fenómenos que nos ocupaban, que nos preocupaban. Cuantas más hipótesis se verifiquen como apoyos para una teoría, más sólida resultará ésta última.

¿Y es así de sencillo? Ni de broma! Porque al introducir la estadística, el contexto de otras hipótesis y otras teorías, los experimentos y las máquinas que miden los resultados de los experimentos, las simplificaciones que se eligen para poder llevar a cabo el experimento… ¡Todo se complica!

Pero eso te lo cuento mañana… Lo de hoy era en un mundo ideal.

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ResearchBlogging.org

Francisco Javier Neila González y sus colaboradores publicaron un artículo en 2008 y un comentario en el número de septiembre de 2009 de Investigación y Ciencia. Y te traigo aquí un pequeño comentario porque creo que te puede interesar. Si lo que quieres es imaginar un mundo mejor, vamos. Porque un mundo con más superficie cubierta por más seres vivos tiene mejor pinta.

Se trata de dar respuesta a una crisis global desde muchos frentes. La construcción incluida. Porque la vivienda es uno de los lugares donde más energía se consume, en la que hay que sacrificar suelo para construir, desde donde se marcan las prioridades para infraestructuras (la vivienda no va sola, sino acompañada de carreteras, iluminación, abastecimiento de agua, suministro de electricidad, etc.). Por eso siempre he visto una barbaridad dejar la política de construcción al mercado. ¿Qué sabrá el mercado de todas esas cosas si con externalizaciones le ocultan información?

Casa con cubierta vegetal en clima húmedo

Fuente: http://tinyurl.com/yz7w6tf

Pues Neila y el equipo con el que trabaja se ocupan de dar respuesta a algunos problemas que genera la vivienda. Con cubiertas ecológicas sostenibles. Que influyen tanto en el consumo de energía como en la eliminación de contaminantes, pasando por el bienestar y el control de nuestro impacto sobre el microclima urbano. Y es que una superficie vegetada raramente difiere más de 2ºC de la temperatura de su entorno, mientras que otra sin vegetar puede estar 30-40ºC más caliente en verano y 10ºC más fría en invierno. ¿No te lo crees? Ve a Sevilla y pasea en agosto al mediodía. Y toca el asfalto o el acerado de una calle.

Bueno, eso son beneficios de cara a nosotros. Que a los insectos, y a los que comen insectos no les va a venir nada mal contar con cubiertas vegetadas en los edificios.

Y, oye, que queda bonito ver las cubiertas de los edificios verdes. Que, por cierto, no es un invento de ahora, no. Ya era habitual en el antiguo Egipto, o en Persia hace milenios.

Cubierta vegetal de edificios adaptada a clima seco

Fuente: http://tinyurl.com/yl27jk6

Han hecho un repaso por la evolución de su trabajo y las conclusiones intermedias a las que han ido llegando. Sobre qué plantas emplear, qué sustrato utilizar, que drenaje habilitar, cómo suministrar agua a los componentes de la cubierta, qué cubiertas tienen mejor resultado en invierno y cuáles en verano. Una evolución en la que se partía de las tradicionales cubiertas vegetales europeas, tratando de adaptarlas a climas más secos como el nuestro, intentando lograr una mejor imagen exterior y una mayor funcionalidad ecológica.

El resultado es una cubierta que no se calienta, que absorbe contaminantes, que retira CO2 de la atmósfera, que aporta oxígeno. Aunque consume agua, requiere mantenimiento (poco) y pesa (poco). Pero es que el que algo quiere algo le cuesta.

Estructura de una cubierta vegetal en edificio

Fuente: http://tinyurl.com/yl27jk6

El modelo final, yo percibo que está por desarrollar aún. Que todavía falta. Pero que está ya bastante evolucionado. ¿Lo suficiente como para plantearse incluirlo de modo rutinario, como un elemento más de la vivienda? Pues económicamente parece que aún no. Pero para eso está la legislación. Para obligar, incentivar, subvencionar aquello que el mercado es incapaz de ver. Para abrirle lo ojos a golpe de normativa.

Porque el mercado no ha sido capaz de ver la contaminación, el calor y el frío que hace en el interior de una vivienda y que se combaten con estufas o aires acondicionados, el efecto invernadero, el cambio en los usos del suelo, la incomodidad urbana en momentos de calor o frío extremo, la pérdida de insectos y de insectívoros (incluida la pérdida de polinizadores)…

Uf… el mercado está muy ciego aún. Tan ciego que no sabe cuándo hay algo bueno a su alcance. Y las cubiertas vegetales, aunque les quede todavía evolución, lo son. Como te cuentan en Sitiosolar y en el magnífico blog Ison21. Pásate por ellos, que merecen la pena.

Neila, F., Bedoya, C., Acha, C., Olivieri, F., & Barbero, M. (2008). The ecological roofts of third generation: an new constructive material Informes de la Construcción, 60 (511) DOI: 10.3989/ic.2008.v60.i511.742

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