Números enteros, pasitos para un lado y el otro, y risas, muchas risas
Escrito por José Luis Castillo en 3º ESO Diversificación, MatemáticasQue digo yo que por qué nos empeñamos en explicar cosas y pedirles a los alumnos que se queden sentados escuchando. Cuántos más sentidos implicados, mejor funcionan comprensión y memoria. Y eso que en una sala de profesores escuchas muchas veces intervenciones indignadas acerca de lo poco que se usa la memoria. Pero qué pocas acerca de lo mal que inducimos a usarla.
Y es que vías para entrar en la memoria hay muchas. Y “empollar”, estudiar memorísticamente, definitivamente no es la mejor. Es la peor.
Y encima, memorizar puede ser divertido.
El otro día, en clase de diversificación, memorizamos, no sólo que es un número entero, sino también sus sumas y sus restas. Y lo aplicamos a lo que hacemos todos los días. Porque todos los días nos enfrentamos al concepto de derecha e izquierda, de arriba y abajo, de delante y detrás, de crecer y disminuir, de ganar y perder.
Nosotros lo hicimos con derecha e izquierda. Para empezar, inventamos el cero. El cero era yo. Donde estaba yo. Y luego inventamos el signo de “positivo”. Que era dar pasos a derecha. Y luego el de negativo. ¿Adivinas? Claro. Pasos a izquierda.
Y lo comprobamos. Yo decía “¡¡¡menos siete!!!” y, efectivamente, cuatro alumnos a la vez, y con los ojos cerrados, tenían que andar el -7. Hubo algún choque, muchas risas. Y aprendizaje.
Hasta aquí fácil.
Luego avanzamos algo más. Combinamos signos y operaciones. Porque dejamos claro que en matemáticas se había cometido un error enorme. Que era usar el signo “+” para dos cosas muy distintas. Para una descripción como “a la derecha” o “hacia arriba” o “hacia delante” (signo) y para una acción como “poner”, “sumar”. Pero en fin. Y dijimos que había que distinguir “+ signo” de “+ operación matemática”. Que no son lo mismo. Y decidimos distinguirlos igual que hace todo el mundo. Con paréntesis.
Y decidimos volver a andar las matemáticas. Yo decía: “menos tres más más dos”. Y ellos daban tres pasos a la izquierda y uno a la derecha. Ahí no hubo fallo.
Pero dije: “menos más cinco menos menos dos”. Y nos liamos un poco. Mejor. Porque los errores ayudan. Equivocarse no es motivo de castigo en la educación. Corrijo. No debería serlo.
Lo que hicim0s fue traducir la operación a castellano. Donde ponía la operación dijimos “poner o quitar” y donde ponía el signo dijimos “de la izquierda o de la derecha”. Así, “menos menos” se traducía como quitar de la izquierda. Que es lo mismo que poner a la derecha.
Y lo entendimos a la primera.
Así que les pedí que cerraran los ojos a los que estaban de pie, unos junto a otros. Dije otra vez: “menos más cinco menos menos dos”. Y lo tradujimos entre todos. Y era fácil. Quitar cinco de la derecha. O sea, irse a la izquierda. Y luego quitar dos de la izquierda. O sea, irse a la derecha.
Y nadie falló.
Hicimos tres o cuatro operaciones. Cada vez más rápido porque yo quería que chocasen para reirme de ellos. Y no fallaron ninguna. Ninguna. Así que fueron ellos y ellas los que se rieron de mí. Y luego nos reímos todos juntos.
Y yo tambén me estaba riendo, por dentro, del que dijo que estos niños no sabían aprender. ¿No será más bien que alguien no les supo enseñar?
De paso, un pcoc después, comprendieron que cero es el origen de coordenadas. Y que se puede cambiar. Y que las posiciones de las cosas cambian si yo cambio de sitio.
Mis alumnos de diversificación se acercaron, sin dificultades, a conceptos matemáticos como cambio de coordenadas. Ellos no lo saben, pero están más cerca de comprender a Einstein que otros que siguen el currículum normal.
Y lo hicimos de poniendonos de pie. Y andando. Y chocando. Y riéndonos. Riéndonos mucho.
Fue un buen día.
Pienso, luego escribo







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