Resumen de Santo Tomas de Aquino

NG002104La filosofía escolástica

 

La filosofía escolástica:  Santo Tomás de Aquino

 

A partir del siglo IV d. C. el ideal de vida cristiana es la vida austera. Se produce un movimiento de anacoretas y eremitas que se alejan de las ciudades buscando la soledad y una vida pura. De la unión estos eremitas surgen los monasterios que se conforman como comunidades organizadas cuyo ideal es la figura de Cristo. Los monasterios serán el núcleo de la actividad cultural a lo largo de toda la filosofía escolástica. Su tarea es la conservación, recuperación y transmisión de la cultura. De hecho la biblioteca es el núcleo de la vida monástica.

El término escolástica con el que designamos a prácticamente la totalidad de la filosofía medieval viene de la palabra latina schola que se deriva de las escuelas monacales medievales.

Podemos distinguir tres etapas en la filosofía escolástica:

Época de formación que podríamos situarla hasta el siglo XII.

La labor fundamental es la recopilación de textos antiguos por parte de los copistas (Biblia, nuevos estamentos, textos antiguos) el representante fundamental de esta época es San Anselmo cuya filosofía está inspirada en la de San Agustín, y por lo tanto en la de platón. ¿Qué ha pasado con Aristóteles? De Aristóteles sólo se conserva durante la edad media los textos de lógica la mayor parte de la filosofía aristotélica vuelve al mundo cristiano a través del islam y de la escuela traductores de Toledo.

Época de apogeo que la situaríamos en el siglo 13. A grandes rasgos podríamos decir que se caracteriza por la recuperación de la obra aristotélica y el surgimiento de las universidades.

Época de decadencia (siglo 14) es una época marcada por la crisis de los pilares básicos de la cultura medieval. En el terreno filosófico parece llegar a la conclusión de la imposibilidad de conciliar la razón y la fe y la especulación filosófica se sitúa más próxima a la experiencia.

Siglo 13.

Corrientes filosóficas:

  • Agustinismo (orden franciscana)
  • Aristotelismo averroísta: surge de la lectura de Aristóteles llevada a cabo por haber Averroes. Se presenta un aristotelismo sin tintes cristianos El problema del Aristotelismo averroísta es que choca frontalmente con muchos de los presupuestos de la filosofía cristiana:

1) mantiene la tercera del mundo.

2) en tiene la existencia de un único entendimiento agente.

3) mantiene la teoría de la doble verdad: no hay conciliación entre fe y razón, son ámbitos distintos que llegan a verdades diferentes.

  • Aristotelismo tomista.

Santo Tomás de Aquino.

Nace en 1224 y a los cinco años es ingresado en el monasterio de roca seca del que se fuga unos años después un yéndose a la orden mendicante de los dominicos. La línea en 1247 estudia en la Universidad de París y nueve años después es nombrado maestro es sagrada teología.

El problema de la razón y de la fe en Santo Tomás:

Una clara distinción entre razón y fe: se distinguen tanto por sus contenidos (aun cuando el objeto final de las dos sea Dios) por el método del que se valen para acceder a los mencionados contenidos: la razón se vale de la abstracción, mientras que la fe se vale de la revelación.

Frente a Averroes mantiene que no hay contradicción entre ambas, pero sí una zona de confluencia. Santo Tomás niega la teoría de la doble verdad pero admite que hay dos tipos de verdades independientes entre sí

1)    Los artículos de fe en, verdades a las que sólo se puede acceder a través de la fe.

2)    Verdades que son dominio de la razón cuyo objeto de estudio es el mundo natural.

Junto a estos dos tipos de verdades que son materia exclusiva de la fe o materia exclusiva de la razón Santo Tomás admite un tercer tipo de verdades a las que se puede acceder desde los dos ámbitos: ese tercer tipo de verdades las llama preámbulos de la Fe y son verdades tales como que Dios existe, que es uno, que es creador del mundo, etcétera.

Ontología tomista: el problema de la creación

Santo Tomás acepta la ontología aristotélica, sin embargo, frente a la concepción del mundo de Aristóteles, debe mantener que el mundo ha sido creado por Dios.

En la ontología aristotélica veíamos que el objeto estaba compuesto por sustancia y accidente y a su vez la sustancia por forma y materia. Aristóteles no necesitaba dar razón de la existencia del mundo puesto que ha siempre había existido. Santo Tomás necesita mostrar cómo el mundo es un acto de la voluntad libre de Dios. Por ello duplica la sustancia aristotélica, compuesta de materia y forma, que pasa, en Santo Tomás, a ser la esencia. Esta esencia no es nada más que pura posibilidad existir (esta en potencia) necesita de la actualización que proviene directamente de Dios. Esta actualización es la existencia.

De esta forma, los objetos naturales tiene una doble composición: esencia más existencia, pero a su vez la esencia está compuesta de materia y forma.

A partir de esta ontología, Santo Tomás elabora una categorización de seres, dependiendo de su simplicidad. En la cumbre de la pirámide, estaría Dios: el ser más simple. En la esencia es igual a su existencia y la esencia los más que pura forma.

En un segundo escalafón estarían los ángeles, criaturas de Dios, compuestos: su esencia no equivale ya a su existencia, en la medida en que ha sido creados por Dios y su esencia es simple, pura forma. En un tercer nivel estaría el hombre: es un compuesto de alma (su esencia no equivale a su existencia al ser un ser creado, pero su esencia es forma) y cuerpo (nuevamente la esencia no equivale la existencia y su esencia es materia más forma). El hombre ─mucho más que el resto de los seres naturales, y menos que los ángeles─ refleja en su ser cierta proporción con lo divino, y se sitúa entre dos mundos: se compone de cuerpo material y alma espiritual; por el cuerpo se vincula con el mundo sensible y por el alma con el mundo espiritual. Es lo más perfecto en el orden sensible y lo menos perfecto en el orden de las sustancias intelectuales.

En un cuarto nivel estaría los animales compuestos doblemente: esencia más existencia y su esencia materia más forma. Y en sucesivos niveles encontramos el resto de los seres de la naturaleza hasta que llegamos a los primeros elementos.

Otro de los preámbulos del hace, de este tipo de verdades que pertenece a la teología natural, es la existencia de Dios. Tomás de Aquino Quebec es posible afirmar por razón la verdad de esta proposición de cinco modos o vías diferentes. En tres a cinco días no aparece el argumento ontológico. En realidad, Tomás de Aquino rechaza el argumento ontológico. Una característica común de sus cinco vías es que todas tienen como premisa una proposición derivada de la experiencia. Y esto, según él, lo han de tener necesariamente: es el mundo de la experiencia (el mundo natural) y sólo ese mundo, es que el hombre tiene la posibilidad de entender.

 

(Archivo sobre el texto, y esquema de las cinco vías de Santo Tomás).

 

El hombre en Santo Tomas:

 

La concepción del hombre tomista se sitúa en la óptica aristotélica pero adquiere un estilo propio por la combinación con el pensamiento cristiano: a los vivientes les corresponde un conjunto de operaciones características distintas de los no vivientes, como son: nacer, nutrirse, crecer, reproducirse, moverse localmente y morir, y en los grados superiores sentir, pensar y querer. Santo Tomás define el alma como el principio de la vida y como la forma de un cuerpo físico que tiene vida en potencia. Es lo que distingue a los vivientes de los no vivientes.

     Sto. Tomás hará mención también a las facultades:  son las potencias activas del alma, aquellos principios gracias a los cuales el alma puede realizar las distintas operaciones vitales. Hay que distinguir entre potencias ─o facultades─ corpóreas y otras incorpóreas: las primeras requieren un órgano corporal; mientras que las segundas ─como el entendimiento y la voluntad─ no necesitan órganos corpóreos, y radican en la esencia misma del alma. Además del intelecto, dividido en teórico (dirigido al conocimiento de la verdad) y práctico (dirigido a la acción), el alma humana contiene otras tres especies de facultades mentales: la voluntad o apetito racional, las facultades de la sensación (vista, oído, etc.) y la sensualidad o apetito sensible. Pero aunque Santo Tomás defiende el dualismo antropológico, su posición es más moderada que la platónica al entender que la palabra “hombre” designa la unidad  de cuerpo y alma, y no únicamente alma, como era el caso de Platón; hasta arguye que, puesto que el cuerpo no ha sido creado por un principio del mal, sino por Dios, debemos amar al cuerpo como consecuencia del amor que debemos a Dios.

 

El hombre hacia Dios

     Hay continuidad entre el hombre como perteneciente al orden natural y como perteneciente al orden sobrenatural. Cierto que se encuentra en el orden sobrenatural por la gracia divina, merced a la cual el hombre alcanza un estado de perfección al que no puede llegar por sí mismo, pero no es menos verdad que todas las esferas de la actividad humana se pueden comprender únicamente por la referencia de lo humano hacia Dios; esta tensión hacia lo transcendente se muestra claramente en tres ámbitos particulares del ser del hombre: el conocimiento, la conducta moral y la conducta social.

a) Dios como objeto último del conocimiento:  la vocación intelectual del hombre hacia Dios se cifra no sólo en el hecho de que la teología sea la ciencia suprema y constituya la máxima perfección de nuestra inteligencia, sino además y fundamentalmente, porque el conocimiento se ordena a la verdad y Dios es la suprema verdad. Todo conocimiento humano es, en última instancia, un conocimiento de Dios. Toda verdad está conectada con Dios, tanto en el sentido de que Dios es el creador, sostenedor y lo que da inteligibilidad a todo lo que es real (sin lo cual no podría haber verdad alguna) como en el sentido de que conocemos a Dios en todo lo que conocemos, pues el mundo es la “revelación física” de Dios. Por lo demás, el objetivo supremo del hombre es la visión de Dios en la otra vida, es decir, un conocimiento puramente intelectual y directo de Él.

b) Dios como objeto último de la voluntad: el ser y la bondad son intercambiables o equivalentes; así, Dios, por ser el ser superior, es también la bondad perfecta e infinita. La vida moral también está dirigida, en última instancia, hacia el logro de la beatitud. Santo Tomás defiende un punto de vista teleológico: toda acción y suceso del universo sucede porque hay un fin hacia el cual el suceso está dirigido o hacia el cual el agente tiende. Lo que da al hombre su status excepcional es el hecho de que de todos los agentes (aparte de Dios y los ángeles), él es el único que tiene conciencia de los fines y de los medios. El hombre es el único ser que puede ser impulsado a la acción por ideas de lo bueno y de lo correcto. La voluntad tiene o es una tendencia natural a buscar el bien. Pero esta búsqueda de la voluntad sería totalmente caótica sin la intervención de la razón pues es la que identifica los objetos como buenos o malos. En relación con Dios, que es el bien perfecto, la voluntad del hombre está sujeta a leyes de la necesidad: Dios mueve a la voluntad necesariamente. Pero en relación con los bienes menos perfectos que aparecen en nuestra existencia terrena, la voluntad no está obligada necesariamente a ir hacia ellos (por tanto es libre). Por ello, el principal interés de la ética se concentra en los bienes terrenales particulares cuya realización le permitirá al hombre alcanzar su bien último o Dios. En su teoría de las virtudes, el Aquinate sigue a Aristóteles, añadiendo algunos elementos de su perspectiva cristiana. Las virtudes son los hábitos gracias a los cuales el alma puede realizar bien cada uno de los fines a los que tiende. Puesto en el alma encontramos distintas partes, habrá también distintos tipos de virtudes: así, tendremos las virtudes intelectuales o perfecciones del intelecto (arte, prudencia, inteligencia, ciencia y sabiduría) y perfecciones de las facultades apetitivas o virtudes morales (entre las que destacan la justicia, o perfección de la voluntad, y la fortaleza y templanza, perfecciones del apetito inferior, irascible y concupiscible), que siempre consistirán en el justo medio entre dos vicios, uno por defecto y otro por exceso. A esas virtudes, conocidas ya por la tradición griega, añade las virtudes sobrenaturales o teologales (fe, esperanza y caridad), que tienen como objetivo Dios mismo, perfeccionan la disposición humana dirigida al orden sobrenatural y son infundidas en nosotros por Dios.

c) El hombre hacia Dios por la conducta social. La ley: la doctrina política de Sto. Tomás es una síntesis de la política aristotélica y de sus creencias cristianas. El hombre tiene un fin sobrenatural, pero debe conseguirlo mediante su actividad y su vida en el Estado, aunque de forma completa, sólo lo alcanza en la otra vida. El Estado es una institución natural fundamentada en la naturaleza del hombre. El hombre es un ser político que vive en comunidad lo cual exige un gobierno que mire por el bien común. Tanto la sociedad como el gobierno, por ser connaturales al hombre, tienen en último término justificada su existencia en Dios, creador de la naturaleza humana. Como el fin sobrenatural del hombre consiste en conseguir la beatitud eterna, que es competencia de la Iglesia, el Estado, aún siendo autónomo, queda supeditado indirectamente a aquella. Así, el Estado debe guiar y legislar para que los ciudadanos vivan virtuosamente y alcancen el fin que les es propio: la salvación eterna. Las leyes (mandatos que descansan en la razón y según los cuales algo es inducido a obrar), deben, pues, orientarse hacia la consecución del bien común.

        Santo Tomás distingue tres clases de leyes: la natural, la positiva y la eterna. La ley natural dirige y ordena los actos de los seres naturales para la adecuada realización de los bienes que les son propios. El Aquinate toma del pensamiento griego la noción de naturaleza como principio dinámico intrínseco que determina el comportamiento ordenado y legal de los seres naturales, a la vez que la idea de que puede utilizarse el criterio de la “naturalidad” para distinguir la conducta buena de la mala: lo bueno es lo natural y lo malo lo contrario a ella. La principal diferencia del planteamiento tomista respecto del griego está en que para Tomás de Aquino las inclinaciones naturales descansan en último término en Dios, quien por su providencia gobierna todas las cosas y les da las disposiciones convenientes para su propia perfección. En los seres irracionales la ley eterna inscrita en su naturaleza determina su comportamiento de manera pasiva y necesaria, en los hombres descansa en su razón y se realiza a partir de su voluntad y libertad. En sentido estricto, Santo Tomás interpreta la ley natural como la ley moral, y la identifica con la razón humana que ordena hacer el bien y prohíbe hacer el mal. La ley moral es natural y racional: racional porque es enunciada y dictada por la razón; natural porque la propia razón es un rasgo de la naturaleza humana y porque describe las acciones convenientes para los fines inscritos en nuestra naturaleza. La ley natural contiene los preceptos fundamentales que rigen la vida moral, el primero de los cuales es “debe hacerse el bien y evitarse el mal” y en el que se fundan todos los demás preceptos de la ley moral. Dado que la ley natural se fundamenta en la naturaleza humana, y ésta en Dios, la ley natural no es convencional, es inmutable y la misma para todos (universal).

         La ley positiva (ley que promulgan los Estados) debe ser expresión de la ley natural, por tanto no será convencional. Así, aquellas leyes positivas que sean contrarias a las leyes naturales no son buenas y es justo que el ciudadano se niegue a cumplirlas, mientras que aquellas que son conforme a la ley natural son justas y buenas y el ciudadano está obligado a cumplirlas. La legalidad no siempre coincide con la moralidad: si el legislador promulga una ley contraria a la ley natural, y, en último término a la ley divina, es legítimo, moralmente correcto –aunque no sea legal– que el súbdito se rebele y no la cumpla. La ley natural tiene su origen en un orden más amplio: el orden del Universo, orden que es expresión de la ley eterna, ley que descansa en la propia razón de Dios y de la cual derivan todas las demás leyes. Santo Tomás dice que es eterna e inmutable porque a Dios le corresponde la eternidad. Dios ordena todas las acciones, tanto humanas como no humanas, hacia su fin. A diferencia de Aristóteles, Santo Tomás hace descansar el bien en un fundamento más trascendental que la propia naturaleza: Dios.

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