Relación de Marx con Platón y viceversa

KARL MARX Y PLATÓN

Relación del tema elegido con otra posición filosófica y valoración razonada de su actualidad

Para efectuar la relación del tema con otra posición filosófica he elegido la filosofía de Platón, otro de los grandes teóricos sociales y padre de un pensamiento que, siendo muy distinto y distante, contiene no obstante algunos puntos sorprendentes de contacto con el pensamiento de Marx.

Tanto la filosofía de Platón como la de Marx nacen de un rechazo a una situación social que en nada se asemeja a lo que ellos consideran de justicia. Ambos son pensadores sociales. Los dos parten de un análisis crítico, de un veredicto negativo de la situación dada para, a continuación, proponer cómo deberían ser las cosas: su propuesta ideal o utópica de una sociedad perfecta.

En el caso de Platón, el mundo que critica es la democracia caótica de Atenas en la que reinaba la opinión y la discordia, el relativismo. En el caso de Marx, los excesos de una sociedad burguesa, capitalista, que en sus comienzos se caracterizó por una terrible desigualdad social, generando un orden social y político en manos de una minoría enriquecida por el comercio y la industria.

En síntesis, ambos planteamientos son utópicos, surgen del rechazo a lo dado y contienen la propuesta alternativa de un orden social y político mejor, perfecto. En esta propuesta todos los utópicos se muestran convencidos de contar con el plano o mapa ideal de un mundo perfecto, donde, por fin, arribaríamos a un puerto que pone fin a todas las miserias ahora reinantes y resistentes, reales.

Ahora bien, resulta llamativo que justamente por eso, en ese anhelo, al que cabe llamar “el abrazo del mundo perfecto”, todas las utopías que en el mundo han sido contienen una semilla de dogmatismo, de intransigencia, de ceguera, puesto que tiende a arramblar y llevarse por delante todo aquello que estorba al nuevo orden, en un “caiga quien caiga” cegato. Y todo ello para poder hacer posible ese retrato ideal del nuevo orden que tienen en una de las manos y con el que miran a lo real; relato nacido en la teoría y que hay que llevar a la práctica con sus resistencias, su diversidad, sus opositores… Theoría y Praxis. Ciencia y transformación del mundo se dan a la vez en Platón y Marx, de un modo que cabe considerar utópico y revolucionario.

En el trasfondo de lo que estamos comentando está la experiencia histórica de los regímenes comunistas que conocimos en Europa del Este hasta su derrumbe -la caída del muro del Berlín en 1989. Fueron sociedades cerradas, dogmatizadas, donde lo individual, la diferencia, la diversidad tenía que ser destruidos en nombre de la nueva sociedad comunista, igualitaria, el paraíso obrero.

Aunque la utopía platónica no cuenta con ejemplos históricos, podemos destacar curiosidades dogmáticas tan jugosas como que Platón propuso anular la crianza de los hijos por sus madres para que el Estado pudiese educar y seleccionar a los mejores con vistas a convertirlos en la clase filosófica dirigente. Y otro ejemplo, no menos curioso, el decreto platónico de expulsión de los poetas, puesto que la poesía genera relatos confusos, falsos, embaucadores, imitadores fantásticos de belleza y no de verdad, que despistaría a la masa de la seriedad que necesita el Estado justo -kallipolis- la ciudad bella y real de la filosofía de las Ideas.

Bien , es cierto que el pensamiento utópico puede criticarse por sus excesos, pero también que desde el inmovilismo que nada pone en duda no puede transformarse nada. Toda propuesta de cambio social puede contener algo realmente positivo, y ahí está el meollo de la cuestión: distinguir lo óptimo, hacerlo posible con un saldo positivo de ventajas. Todo pensamiento reformista es motor para el cambio, al proponer la crítica a la situación presente y actuar para transformarla. En esto reside la dignidad de cualquier planteamiento que se pretenda regenerador, crítico, reformista…

Para no ser excesivamente negativos con Platón y Marx, imaginemos en el lado positivo, que los excesos de una democracia populista y de la retórica vacía y manipuladora necesitan de un correctivo racional como percibió Platón. Pensemos que el capitalismo salvaje y la falta de derechos de la mano de obra del sistema capitalista solo se pueden corregir con un contrapeso, con la lucha decidida por una mejora de las condiciones laborales, un reparto más justo de la riqueza y una sociedad que avance en la igualdad y la justicia social. Tal como vio Marx.

Hasta aquí las semejanzas formales entre Platón y Marx. Vamos ahora con las grandes diferencias filosóficas. Platón, con la negación de este mundo sensible, material, por ser cambiante y de apariencia, por no poder ser objeto de verdadero conocimiento, representa un pensamiento totalmente diferente al de Marx. El dualismo ontológico es justamente la negación del materialismo que defiende Marx. En el terreno de la antropología, el dualismo platónico, sosteniendo la realidad de una parte inmaterial humana, el alma, es totalmente contrario al monismo antropológico de Marx, para quien el hombre es un ser material y práxico que ha de producir su vida en sociedad.

Por otro lado, la esencia humana para Marx se realiza mediante la actividad, el trabajo, transformando el medio para producir socialmente nuestra existencia. De ahí la alienación que padecen los trabajadores por no ser dueños de lo que producen y tener que vender su condición en forma de trabajo asalariado. Sin embargo, para Platón, el hombre es fundamentalmente un ser dotado de razón, que tiene que cultivar -como decía el viejo maestro Sócrates- la vida racional, la “therapeia tes psichés” o cuidado del alma, cultivando la filosofía como ascenso a la verdadera realidad de las Ideas. ¿Y no cabe suponer que, más allá de este mundo, el alma regrese a su patria eterna, anterior a esta unión temporal con el cuerpo?

Además de ello, aunque Platón concibe que cada uno debe ocupar el puesto social que le corresponde para su realización como ciudadano, bien se ve que el ideal humano lo pone en unos pocos, los filósofos verdaderos, que se dedicarían a la dialéctica, método racional de conocimiento de la verdad, cultivarían la verdadera ciencia de las Ideas, esos arquetipos universales, inmutables y necesarios de todas las cosas.

Por el contrario, Marx concebirá que la meta ideal para el hombre es la superación de la explotación, de la desigualdad, del enfrentamiento, la conquista de una realización efectiva en un mundo humanizado, superando la alienación económica que sufre en la sociedad capitalista. Es esa alienación la lleva a creer en un más allá fantástico e ilusorio como el que proponen las religiones. Las cuales son para Marx una forma de auto engaño, “opio para el pueblo”.

Como curiosidad, Platón llegó a proponer una especie de comunismo de los bienes, pero con una curiosa inversión social: negaba la propiedad privada a las clases de los guardianes -filósofos y guerreros, para que no estuviesen tentados de elegir el bien particular por encima del bien público- . Sin embargo, se les permitía  con limitaciones a los productores en aras de que no condujera a una desigualdad capaz de arruinar el orden del Estado.

En cuanto a la moralidad, si Platón establecía que el Bien es asunto de conocimiento al existir como esencia inmutable y universal, como Idea, Marx va defender que la moral más que reflejo de proyectos ideales forma parte de la ideología, la moral es un reflejo del dominio ideológico y jurídico que responde a los intereses de una clase sobre otra, para hacer que los dominados se autoimpongan obligaciones. Parecido a lo que ocurre con la religión que es utilizada socialmente por el poder como señuelo para que los dominados se entretengan en fantasías en vez de poner rumbo a lo real y a las condiciones reales de su existencia mísera.

Acerca de CAYETANO

Profesor de Filosofía IES La Rabida. Huelva
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