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No saldremos juntos de la crisis

CrisisEstoy percibiendo en mi alumnado, incluso en los más pequeños (o, mejor, más en los más pequeños) una (a mi entender) falsa percepción acerca de la crisis. Que puede ser larga, sí, pero que, tarde o temprano se saldrá de ella. Y que cuando salgamos, saldremos todos, como si España fuera un barco y estuviéramos a bordo.

Y no.

No lo veo yo así. Me falta profundidad en mis conocimientos económicos para saber cuándo y cómo saldremos (por más que el modelo apunte a una imitación del nuevo enfoque chino, que busca, a largo plazo y a diferencia de lo que está haciendo ahora, potenciar energías limpias y consumo interior enfocado a servicios y no tanto -aunque también- a manufacturas, con el estado como principal empresa y tratando de limitar las importaciones al ser los árbitros de la política cambiaria mundial; en nuestro caso, con el plus del turismo y sin el plus del control de los tipos de cambio). Pero muchísmos datos indican que estamos hablando de una década o así.

¿Qué ocurre en estas situaciones? Que no saldremos juntos de la crisis.

Saldrá primero alguna gente. La más formada y, por supuesto, la que proceda de familias más ricas (que se gastarán dinero en la formación de sus hijas e hijos). Gente que, por supuesto, domine idiomas (fíjate en el plural). Pero también que esté dispuesta a aceptar ofertas de empleo no muy atractivas en cuanto a salario, pero sí en cuanto a currículum. Gente que tenga claro que para abrirse camino en el mundo se precisa creatividad, colaboración, liderazgo horizontal, empatía, tesón, sacrificio… Y, en el otro extremo, habrá, muy probablemente, gente que no saldrá en mucho tiempo. Que pasará una gran parte de su vida, quizá toda, esperando a otra ola económica como la que se produjo entre mediados de los 90 y 2007. Que no llegará. O sí… La lotería es lo que tiene.

Así, la salida de esta crisis va a ser vía formación. Donde la escuela pública jugará un papel. O no. Todo dependerá de qué oferte.

Si lo que damos es títulos, quedaremos relegados muy rápido por empresas dinámicas que, a cambio de salarios muy reducidos, y con la promesa de formar haciendo, practicando, inmersos en el mundo real, tiren de la masa de desempleados. No generando empleo neto, no. Rotando el que hay. Que es lo que ya ocurrió a inicios de los 80. Compitiendo con el sistema educativo porque la oferta educativa no sea lo suficientemente atractiva ni válida para encontrar trabajo a corto o medio plazo.

Pero si lo que ofrecemos es enfoques competenciales, colaborativos, dirigidos al crecimiento personal, que incluyan a las familias y no las contemplen como apéndices subordinados al profesorado, que elijan como meta la buena toma de decisiones y la puesta en juego de los talentos personales, que expongan las relaciones que hay entre lo aprendido y los contextos en los que se emplea… entonces quizá esta sea la década del sistema educativo.

Eso último lo espero, pero no lo sé seguro. Lo que sí sé es que con dos verbos por parte del profesorado (explicar, examinar) y otros dos por parte del alumnado (escuchar, repetir) no lo lograremos. Cada uno de los actores tendrá que conjugar, al menos, una veintena.

Si es que queremos salir de la crisis y no esperar a que la suerte o el tiempo nos lleven a algún lugar mejor. Que quizá ocurra y quizá no.

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