Nadie tuvo nunca una gran idea estudiando sólo matemáticas. O sólo lengua. Son las interacciones entre ideas. Que proceden de las interacciones entre personas, y que se dan en muchos más lugares que en la escuela… Así, el aprendizaje, el paritorio de las ideas, no puede ser un lugar donde se insiste una y otra vez en que el alumnado esté callado, donde se le castiga si habla, donde el único discurso es el del profesorado. Como si nosotros fuéramos los únicos expertos capaces de transmitir ideas (que, por cierto, es lo que percibo que cree, con bastante desacierto, entiendo, el profesor Joan B. Culla i Clará; que es un experto en su campo, sin duda, pero que demuestra, por lo que dice sobre las clases magistrales, ser algo torpe a la hora de imaginar formas eficientes de dar clase, como si se careciera de alternativas comprobadas).

En cambio, Steven Johnson me convence mucho más. Tanto que no puedo dar una clase magistral sobre lo que él dice (a lo mejor otros sí…). Pero sí te puedo traer el vídeo sobre cuáles son los ambientes en los que surgen las grandes (y pequeñas y medianas) ideas. ¿Tenemos este ambiente en nuestras aulas? ¿Lo permiten las clases magistrales? Y si no surgen las ideas, tampoco pasa nada. La conversación no es sólo un momento de cosecha; también lo es de siembra. A veces, el aprendizaje llega al cabo de minutos, pero las más de las se construye a lo largo de años.

Porque para dar una clase magistral hay que ser experto. Para dar varias hay que ser muy experto. Para impartir todo un año hay que ser un genio. ¿De verdad hay tantos genios en España? ¿O es sólo que nos molesta el alumnado y nos encanta oírnos?