InterrogaciónEste curso empieza como todos. Sin ni la menor idea de lo que daré. Y es que el sistema de elección de materias, y por tanto la planificación docente, no está bien atendida por la Administración. Consecuencias de cómo (des)organizan la asignación de centros a profesorado interino, en expectativa, etc. Manifiestamente mejorable, eh?

Eso sin entrar en el modo de elegir, en el que se tiene en cuenta exclusivamente la antigüedad, no los méritos acumulados y, sobre todo, actualizados. También manifiestamente mejorable…

En fin… La empresa sabrá…

Pero yo, a lo que voy. Imaginemos que este curso daré Ciencias Naturales a alumnado de 1º ESO. Algo que me apetece mucho, sobre todo porque vienen con los portátiles de la escuela 2.0. Así que tendré que tratar de pensar cómo quiero hacer las clases. Ya te hablé de metodología en otro post. Ahora me toca contar la evaluación del modo más breve posible.

Brújula
Fuente: Wikipedia

Para empezar, quiero que la evaluación sea orientadora. Que sea útil al alumnado para saber cómo van sus procesos y le permitan reajustar lo que va haciendo. Por lo tanto, los exámenes al final del proceso no me valen. Ni a mí ni a mi alumnado. No me dan información útil, puesto que su principal función es producir calificación, se diga lo que se diga.

Además, quiero que esa evaluación sea participativa. Que en ella se puedan insertar tanto familias como cualquier alumno o alumna, compañeros de quien se evalúa. Incluso otros miembros del equipo docente. Por lo tanto, habrá que otorgar cierto grado de visibilidad a los procesos y a los productos.

Quiero también, en cumplimiento de la normativa, que se centre en los procesos. Por tanto, la mayor parte de la información la tendré que obtener de dos fuentes. La actividad que en el aula lleve a cabo el alumnado, una. La evolución de los productos que elabore, y su comunicación hacia otros, la segunda. Y es que sin procesos, sólo con productos, que alguien me explique cómo se trabaja con un enfoque orientado a las competencias…

Quiero que fomente autonomía. Pero de la de verdad. Es decir, tengo que compartir el control del proceso con el alumnado. Tengo que dejarles participar y tengo que darles margen para que tomen decisiones. Y no me refiero a estudiar o no estudiar. Decisiones de más calado. De qué se evalúan, cuándo se evalúan, cómo se evalúan, cuáles son los criterios de evaluación.

¡¡¡Uf…!!!

Guiño
Fuente

Bueeeeeeeno… Vaaaaaaa…. Tengo ya mucho camino avanzado en los últimos años. No parto de cero. ¡Pero es que me gusta darle un puntito de suspense al tema…! ;)

Mucho de lo que venía haciendo se mantiene. Pero este año también hay novedades. Te cuento.

Voy a partir de tres documentos. Tres referentes. Uno de competencias, otro de contenidos, otro de contextos. El de competencias consiste tan solo en tratar de desglosar cada una de las ocho básicas en procesos que contribuyan a ellas. El de contenidos es más clásico y es lo que es: qué conocimientos se usarán para adquirir las competencias y, como consecuencia de usarlos, terminarán también ellos adquiridos. Y el de contextos es sencillo, muy sencillo: bajo qué circunstancias o ámbitos o problemas o situaciones o… se usarán los contenidos y se demostrarán las competencias.

Competencias, contenidos y contextos quedan, en esos tres documentos, hechos trocitos. Listos para combinar en la manera que el alumnado decida. Y no sólo combinarlos. También puede proponer añadir, quitar (algunas cosas, no todas), cambiar, etc. Y las familias, por supuesto! Mi papel sería validar razonadamente esas propuestas.

Con esos referentes, donde competencias, contenidos y contextos están desmenuzados y listos para cocinarlos a gusto del consumidor, incluso poniendo y quitando, el alumnado tendrá que crear una serie de tareas en las que, mezclando los ingredientes que desee, logre demostrar aprendizajes. Crearlas y proponer una resolución. Unas tareas de cuyas características te hablo mañana, en otro post. Pero te adelanto que parte de la tarea será proponer un examen para verificar que se han logrado aprendizajes más o menos permanentes.

Es decir, que el alumnado construirá sus tareas y sus exámenes.

Si estás interesada o interesado por los referentes de competencias, de contenidos, escríbeme un mail a esta dirección

Correo de José Luis Castillo

y te mando sus enlaces a google docs. Para que los edites como quieras. Y para que te encuentres allí con más gente que esté editando. Cambia, quita, pon, lo que desees (respetando lo que otros hayan aportado, claro!!!). Copia si quieres. O no. Son para ti y para el uso que les quieras dar.

A todo esto.. ¿¿¿Y entonces yo qué hago???

Pues acompañarlos y observar. Es decir, ayudar, sugerir, evaluar. Y si toca explicar, explicar (pero poco). En el aula iré tomando nota de los procesos que sucedan. Tanto como me sea posible. De los procesos que se pongan en marcha, en función de los criterios de evaluación que haya propuesto el alumnado y yo haya validado. Y tras evaluar intervenir en función de sus necesidades. Porque no entiendo intervenir en el aula (eficientemente, digo) sin haber reunido toda la información posible para ser lo más útil que pueda.

Evaluación
Fuente: ???

Me acabo de dar cuenta de que sólo estoy hablando de evaluación. Todavía no he tocado el tema de la calificación. Bueno, pues vamos a él. Habrá dos elementos básicos. La tarea y el ejercicio escrito.

El ejercicio escrito lo construirá cada alumno y tendrá función validadora, no calificadora (luego te explico). Las preguntas tendrán que cumplir con unos ciertos requisitos que te cuento mañana. Pero te adelanto que tendrán que basarse en competencias, igual que la tarea. Con verbos que no consistan en recordar, comprender, describir, definir, sino más bien con relacionar, evaluar, opinar, emocionar, crear, aplicar… Ese ejercicio sólo se hará cuando se haya completado razonablemente la tarea (de la que te hablo a continuación) y tiene que estar relacionado con ella. Como puedes ver, si el alumnado hace las preguntas desaparece el factor sorpresa y se corre el riesgo de caer en la memorización. Para evitarlo, cambiamos”profesor decide las preguntas” por “profesor decide la fecha”. Dentro de un plazo de unos 15-20 días después de que el alumnado haya comunicado su intención de evaluarse mediante ese ejercicio y yo haya dado por válidas las cuestiones que lo construyen.

¿Qué era eso de función validadora? Pues que el ejercicio escrito sólo tendrá calificación de “superado” o “no superado”. Si ese ejercicio se aprueba, entonces viene la nota. Que se forma con la información que se haya obtenido del aula durante los procesos y mirando la evolución de los productos que constituyen la tarea. Y que se forma con los criterios de evaluación que haya propuesto el alumnado (con sus familias, si quieren) y yo haya dado por válidos. Así logramos una cosa, creo. Cambiar el enfoque del alumnado. De “estudio un ratito el día antes para el examen y me olvido” a “tengo que trabajar todos los días y lograr aprendizajes permanentes”. Porque un alumno o una alumna que haya superado el ejercicio pero no haya hecho nada en clase, no aprueba. Y tampoco alguien que no comprenda lo que ha hecho, que no se lo haya apropiado.

¿Qué es no aprobar? Pues no gran cosa. Mirar dónde están los problemas otra vez, arreglarlos, y volver a intentarlo. Sin más límite de oportunidades que el 30 de junio. Y sólo los problemas. Lo que esté bien hecho, bien hecho está. Es decir, algo superado (un proceso, un contenido), superado queda.

Durante el primer trimestre, y teniendo en cuenta que habrá que aprender a aprender y, también, desaprender algunas cosillas, la meta será lograr un 25% de los referentes totales. En el segundo trimestre habrá que lograr un 60% o así. Y en el tercer trimestre el 100%. La calificación estará en relación con los procesos y contenidos adquiridos, demostrados en clase y validados por el ejercicio escrito creado por cada alumno o alumna.

¿Que te parece mucho bocado el tercer trimestre? A mí la experiencia me dice que todo va muy lento al principio. Desesperantemente lento. Pero hay un momento, allá por febrero o así, en el que un primer alumno despega; le pilla el truco al sistema y toma carrerilla, mucha carrerilla. Luego sigue otro, y luego otro. Y algunos y algunas tiran de los demás. Y, no se sabe cómo, de pronto, todo coge una velocidad de vértigo. Lo noto cuando llego a clase y ya están en ello, sin mí. Y cuando no me hacen ni caso. Y cuando me aburro. Te juro que la escuela 2.0, los últimos dos meses de clase, es aburridísima. Porque van solas y solos y pasan de mí, jejejeje…

¿Tú ves esto innovador? Pues yo no mucho, la verdad. Ya se hacía en las escuelas unitarias, como la de mi abuelo, hace décadas… A lo mejor es que en los últimos tiempos se nos han olvidado muchas cosas… Yo las sé gracias a él que fue un gran docente. Y a mis tíos Manuela, Juan José y Pepe. Le debo mucho al ejemplo de mi familia.

¿Ves muchos flecos? ¡Sin duda! Para eso están los comentarios… :)